Primera expulsión definitiva de Supervivientes 2020 y primeras acusaciones de «tongo». Sí, la expulsión de Bea sólo la entiende y sólo le encaja a la organización porque lo que es a la audiencia es difícil que le puedan colar que la audiencia ha apostado más por Rocío Flores que por Bea o por Antonio Pavón. Que la audiencia no se ha caído de un guindo.

Primera expulsión definitiva del programa y la sombra del tongo, y del gordo, del que pica, ya se ha cernido sobre Supervivientes 2020. ¿Recuerdas cuando en la edición pasada Isabel Pantoja amenazaba un día sí y un día también con largarse y a las horas sorprendentemente volvía a estar cargada de energía para continuar? El programa nunca hubiera dejado escapar a La Pantoja, y escapó cuando su salud ya no aguantó más. La Pantoja era la estrella, el nombre de aquella edición, el personaje sobre todo los personajes. En Supervivientes 2020 no está Isabel Pantoja, pero está Rocío Flores.

Tras la salvación de Ferre este martes en Supervivientes 2020: En tierra de nadie, quedaron en manos de la audiencia Bea, la naranjita, Antonio Pavón y Rocío Flores. Si yo hubiera votado por alguno de los tres es cierto que no hubiera votado por echar a Rocío Flores y que me hubiera gastado algún eurillo en echar a Antonio Pavón. Pero por eso no voto nunca.

La realidad es que Rocío Flores nada tiene que ver con Isabel Pantoja más que es el personaje estrella de esta edición y que al igual que La Pantoja es la que más cobra por semana de reality, unos 30.000 euros. ¡Ay, quién los pillara, copón!. Cierto es que la hija de Rocío Carrasco y Antonio David Flores es nieta de… , pero eso no tiene porque suponer que sea peor superviviente que cualquier otro. Aunque ya se vio anoche que esforzarse no es lo suyo. Que no quiere hacer la prueba de rango, pues no pasa nada, no se nos vaya a cansar la niña.

De hecho, hace mucha más cosas de las que hacía la tonadillera, pero es verdad que energía y ganas le faltan. Así que si me dicen el martes pasado por quién hubiera apostado como primer expulsado de Supervivientes 2020 puedo asegurar que Bea, la naranjita no habría salido de mi boca. Me hubiera jugado las perras entre Antonio Pavón y Rocío Flores, pero Bea, ¿en serio? No hay quien se lo crea.

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Así que cuando lo increíble y lo inexplicable se apoderan de un realityla sombra del «tongo», que suele muy alargada, se instala irremediablemente en el programa y en la cabeza de buena parte de la audiencia, que anoche no entendían, primero, que Rocío Flores se hubiera salvado, y, segundo, que entre Yiya, que va a bronca cada hora, Antonio Pavón, el hombre de las 1.000 caras, Vicky Larraz, una santa entre tanto pecador, y Bea, hubiera sido esta última la que elegida por el público para volver a Madrid y poner punto final a su concurso.

Entre que el tema contenidos está costando Dios y ayuda que arranque en esta edición y entre que está siendo el comienzo de edición más aburrido que recuerdo -mi memoria es bastante mala-, pues qué pasa cuando el diablo no sabe qué hacer, efectivamente, mata moscas con el rabo, y el rabo es un cañón que ni los de Navarone.

Los dos días que han pasado desde Supervivientes 2020: En tierra de nadie hasta la gala de anoche han debido de dar lo justito y necesario para tener el suficiente contenido para rellenar una gala. Así que dada la escasez, y no de alimento, el programa dio mucha más visibilidad de lo habitual a los tres nominados -Bea, Antonio Pavón y Rocío Flores-. Los tres han tenido una semana jorobada y cada uno ha llevado la nominación como mejor ha podido.

Antonio Pavón, por ejemplo, hizo examen de conciencia y tomó la determinación de que lo de discutir se acabó, que le había salido muy caro y no tenía ganas de ser el primero en coger vuelo dirección Madrid por sus discusiones con José Antonio Avilés y el enfrentamiento con algunos de sus compañeros. Como decía mi abuela, calladito estás más guapo, y calladito se quedó. La estrategia del perfil bajo, del no vamos a hacer mucho ruido a ver si paso desapercibido y la audiencia no se da cuenta que estoy aquí.

Yo, al igual que Bea, creo que Antonio Pavón es más falso que la gira de Milli Vanilli. Esa sonrisa a lo Lorenzo Lamas constante, ese ‘no quiero discutir’, ese «me he dado cuenta de mis errores», ese «creo que ha habido un malentendido». En otras circunstancias, de nada le hubiera servido, pero cuando enfrente tienes a Bea, que lo de discretita no va con ella, o a Yiya, es apostar a caballo ganador.

Para que te hagas una idea, no sólo es que no me cuadre que Rocío Flores se pudiera salvar de ser expulsada a la playa de los Desvalidos, es que tampoco me creo que entre Yiya, Vicky, Antonio y Bea, la audiencia haya elegido por sacar a Bea del concurso. ¿Qué ha hecho Bea que pueda provocar que la audiencia la prefiera fuera antes que a Antonio Pavón o a Yiya? Pero vayamos por partes porque hay mucha tela que cortar.

AMAÑOS Y METEDURA DE PATA DE ANA MARÍA ALDÓN

El programa empezó con una nueva prueba de recompensa y con la cagada monumental de Ana María Aldón, que justo cuando su equipo, los siervos, se iban a proclamar vencedores al conseguir el tan ansiado efecto nominado que daba la victoria, las ansias pudieron con ella y le dio tal meneo a la estructura que tiró todas las piezas del dominó, y a tomar por saco la mega tortilla de patata que llegaron a rozar con los dedos.

Sí, ganaron los mortales por el error de Ana María Aldón, pero yo sigo dando vueltas a una cosa, ¿por qué si Lara Álvarez se pasó media prueba diciendo que la victoria sólo se conseguiría si se lograba el efecto dominó y las fichas caían en el cesto, cuando terminaron de colocarlas los mortales no se llevó a cabo el anunciado efecto dominó? Tal y como tenía colocadas las piezas los mortales el efecto dominó no hubiera funcionado y la última ficha no habría caído al cesto con lo que ninguno de los dos hubiera perdido la prueba. Que luego Lara Álvarez podría haber dicho que como los mortales consiguieron colocar todas las piezas eran los vencedores, de acuerdo, pero es que directamente no se terminó la prueba. Empezaba ya mal la noche. Primer tonganzo de la gala 3.

Pues los mortales se zamparon la tortilla, los siervos se quedaron con la miel en los labios y venga todos para la palapa, que ahí no había más nada que ver. Y en la palapa, ¿qué? Pues ni chicha ni limoná. De verdad, espero que la cosa cambie, pero Supervivientes 2020 se está empezando a convertir en un pestiño de los que hacen época. Y fijate lo que voy a decir si no es por el ritmo que dio a la gala Jorge Javier Vázquez no me hubiera hecho falta di Dormidina. La realidad, aunque duela, es que prácticamente no hay contenidos buenos porque los concursantes son unos petardos.

EL MISTERIO DE LA LATA DESAPARECIDA

Pescar, lo que nos enseñan, pescan poco; sí, hacen fuego, pero ya; se pasan el día en la orilla mirando al horizonte y de vez en cuando, y porque la organización les azuza, salen a hacer algo. El año pasado el Pirata Morgan salió poco, pues este año está chupando más cámara que los propios concursantes. Anunciaba JJ espectacular bronca de Elena, madre de Adara, y Bea después de que sus compañeros las considerasen las más débiles del grupo, y resulta que lo que se vio fue a dos concursantes subiendo a por una recompensa y dejando la que se podrían haber llevado por coger una recompensa para el resto de sus compañeros. «Es que no me sale», le decía Elena entre lágrimas a Bea, mientras la naranjita oraba en arameo y miraba la tortilla francesa que se hubieran zampado si elena no hubiera querido quedar bien y dar una lección de humildad al resto de sus compañeros.

Después que si Bea opina de Antonio Pavón, que si José Antonio se mete en la conversación, y menos mal que tuvimos el misterio de la lata de esta edición, que si no apaga y cierra el chiringuito. Sí, el año pasado era la lata que se le apareció a Isabel Pantoja por arte de birlibirloque, y este año es que la lata que le desapareció a Cristian de su púlpito de Dios. Me parto la caja con Jorge, el Guardia Civil, entonando la música de Expediente X mientras Cristian acusaba a mortales y siervos de habérsela mangado, cuando me juego el cuello a que el tío se la zampó y montó todo el pollo para que la organización le diera otra. «Éste ya estaría en la cárcel», sentenció Jorge, como buen Benemérita.

Y en programa en lugar de dar más juego con lo de la lata, en lugar de aclarar las dudas, en lugar de ver cómo siervos y mortales despellejan a Cristian, al que tienen unas ganas locas, a cortar rapidito que esto no interesa. ¡Me cago en la leche! Lo que no interesa es estar hablando todo el rato de los traumas familiares de Rocío Flores. ¡Leches, que ya! Sí, es que anoche Supervivientes 2020 mostró no sólo las imágenes en las que Rocío Flores hablaba por fin de la relación con su madre, Rocío Carrasco, sino ya aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, conseguir la entrevista que JJ llevaba buscando desde que Rocío Flores iba al plató de GH VIP 7 a defender a su padre. ¿Entendéis ahora porque la sombra del «tongo» se cierne sobre Supervivientes 2020?

De hecho, no fue hasta que Antonio Pavón fue el segundo expulsado de la noche a la playa de los Desvalidos hasta que el programa mostró las imágenes de la esperada rajada de Rocío Flores, que tampoco fue para tanto. Juro que no tengo nada en contra de Rocío Flores y que me parece una concursante necesaria para que se vea el programa y que tampoco lo está haciendo horrorosamente mal ni ha hecho nada que se merezca su expulsión, pero tanteando el ambiente de la audiencia y viendo hasta dónde está el público del culebrón Flores-Jurado, sigo pensando que anoche a Rocío Flores la salvó el Espítiu Santo.

YIYA, A BRONCA DIARIA

Bea fue la primera expulsada y se fue tan feliz creyendo que se iba a poder comer su tan esperada hamburguesa, pero en realidad iba camino de la playa de los Desvalidos a hacer compañía a Yiya y Vicky Larraz. Como ya explicó Jorge Javier la semana pasada, la idea es que según vayan pasando la semanas, casi todos los concursantes, a excepción de los expulsados definitivamente, acaben en dicha playa. Una playa que empezó muy bien y que según han ido pasando los días ha confirmado que vivir con Yiya es insoportable.

Vicky Larraz hay que ponerla todas las velas que encontremos. ¡Qué paciencia y educación tiene esta mujer! Toda la que le falta a Yiya, que yo pensaba que se estaba equivocando con su estrategia de bombardear todo lo que toca, pero resulta que no, que a alguien le debe gustar mucho. Es que no hay ocasión en que abra la boca y no falte al respeto.

JJ va a movida por gala con ella. Anoche se lo volvió a decir, después de que Yiya volviera a arremeter sin venir a cuento contra Rocío Flores: «He pensado mucho en ti estos días. Me gustaría compartir contigo un pensamiento. No hace falta siempre ser tan sincero, el mundo sería un sitio inhabitable si la gente nos dijésemos siempre lo que pensamos los unos de los otros. No hace falta siempre ser tan sinceros». Jorge Javier, que está en modo Rey Salomón. Y Yiya gritaba un «¡viva la anarquía!», que únicamente entiende ella, y JJ le espetaba un «la anarquía también implica educación respecto al otro», que se oyó al otro lado del charco.

Pues ni con esas Yiya fue la expulsada definitiva. Después de quedarse Rocío Flores y no ser enviada a ninguna parte, cosa que sigo sin entender, en la batalla final, la audiencia, según los resultados, prefirió que Bea se fuera para casa antes que Yiya. Puede ser por dos cosas, o bien porque se necesite ver el reencuentro y la convivencia entre Yiya y Rocío Flores en la playa de los Desbalidos, o bien, porque a alguien le interesaba que Bea ya no estuviera allí y Yiya y Rocío sí. Ahora soy yo la que tarareo la sintonía de Expediente X.

De verdad, que entiendo la necesidad que el programa puede tener de que siga Rocío Flores allí, es el cebo perfecto para que pesque el pez más grande,The Big Fish, The Rocío Carrasco, pero estoy segura de que todo podría ser menos descarado. De momento, esta semana es una semana de respiro para Rocío Flores después de que se haya librado de una nueva nominación, que, por supuesto, se ha llevado Cristian por goleada, y al que acompañan Ana María Aldón, Alex Reyes y Fani. Como sea Fani la expulsada de la semana que viene y oiga a Sofía Suescun arremetiendo contra ella y sus cuernos a Christofer, los estudios de Mediaset arden.

JORGE JAVIER PARA LOS PIES A SOFÍA SUESCUN

¡Qué mala baba tiene Sofía Suescun! Cierto que dice verdades como puños, pero tiene mucha mala leche porque defender a tu hermano atacando a quien ni pincha ni corta y recordando a todos que Christofer es el cornudo de España, pues es de tener muy mala hostia. «Para hacer ese comentario mejor te callas», le soltó JJ, así que está el ambiente de mírame y no me toques.

Que sí, que Fani ha cogido ojeriza al hermano de Sofía Suescun, pero es que el hermano se las trae, y qué narices, que esto no es La isla de las tentaciones, que esto es Supervivientes 2020 y que Fani tiene razón a la hora de asegurar que es un egoísta y un mal compañero, porque lo es.

Vaya cabreo se cogío Sofía Suescun, que cuando ve que JJ no la cuida como ella se cree que merece, se enfada y no respira: «Estoy un poco hasta las pelotas, porque hay personas que sí que pueden hablar de cosas de fuera y yo no».

Lo que dije el martes, que está más interesante lo que se cuece en plató que lo que pasa en la isla. Por mucho que Rocío Flores confiese que le encantaría que su madre la estuviera viendo, por mucho que se derrumbe, por mucho que cuente para eso está el Sábado Deluxe o el Sálvame. Yo quiero a una Sofía Suescun, a una Pantoja y sus dramones, yo quiero a una valquiria o a un guerrero, pero que nos den algo más ya, y se dejen de tanto favoritismo y tanto «tongo» inexplicable.

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